Claudio Cerdán

  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Las buenas personas no son lo que necesita la policía.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Los policías, los que nos damos de hostias cada día a pie de calle con drogadictos que amenazan a viejas con jeringas infectadas, nosotros somos los verdaderos héroes del siglo xxi. ¿Por qué siempre aparecemos en las canciones como capullos autoritarios y represores?
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    —A un tipo de su nivel le daba igual que le multaran. Pero gracias a ese adelantamiento pude ver por el retrovisor lo que ocurría. Mi objetivo iba tras el volante con la cara roja, mientras que en el asiento de copiloto llevaba a una tía que tenía su cabeza en su entrepierna.

    —Joder. Le estaban haciendo una mamada.

    —Sin disimulo.

    —Qué bien viven algunos. La última vez que mi mujer chupó una polla aún no me conocía.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    mi mente pasaban imágenes de «ese lugar», el limbo de las personas olvidadas, donde van aquellos que se perdieron para siempre. Agujeros de gusano interdimensionales, abducciones alienígenas, o el cuerpo de la joven África sepultado en el fondo del mar, junto con los huesos comidos por los peces de un niño llamado Jaime.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Desarmé a Rojas con un movimiento rápido antes de que disparase. Su obsesiva discreción había llegado hasta el punto de ir armado al intercambio sin contárselo a nadie. Me eché el revólver al bolsillo y Diego se derrumbó entre lágrimas.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Habíamos seguido una pista falsa. Nos hipnotizó el humo blanco y lo seguimos hasta su origen solo para descubrir que era todo una mentira. África seguía en paradero desconocido, y habíamos desperdiciado un tiempo precioso. Cada segundo que pasaba, África Rojas estaba más lejos de aparecer. Estaba a punto de revivir el infierno de Jaime y era tarde para dar marcha atrás.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Ayer paseé por la calle. Vi a gente feliz. Los odié. Odio la felicidad. Una mujer se puso a mi lado. Dijo que era de la iglesia. Una monja fuera de servicio. Quise sonreír.

    Lo siguiente que recuerdo es ver a aquella mujer en el suelo. Sangraba mucho por la cara. Quise sonreír de nuevo. No pude. Tenía algo en la boca. Lo escupí. Era un pedazo de carne. No sé de dónde salió. La monja se retorcía sobre la acera. Le faltaba un trozo de pómulo.

    Me marché de allí. Tenía mucho frío.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Aún recordaba la habitación de Jaime. Era suya, pero la habíamos decorado nosotros. Ahí radicaba la diferencia. Sus cosas eran las cosas que Inés y yo compramos para él. Los dibujos de las paredes eran del colegio, pero fuimos nosotros quienes decidimos colgarlos. Si hubiéramos tenido otro hijo, habría sido igual. Sin embargo, lo que la hacía única, lo que la convertía en el dormitorio de mi niño, era Jaime. Sin Jaime no era nada más que cuatro paredes y pósteres de Disney. Y, cuando desapareció, me di cuenta. Ya no eran simples sábanas de dibujos animados, sino las sábanas de Jaime. Nunca volvería a dormir en su cama, jamás volvería a hacer nada suyo. Y lo que quedaba, esas tristes cosas que se vendían a miles, ya eran únicas.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    La habitación de África era un páramo sin sonidos, el claustro de un monasterio. Con Jaime en casa, todo era ruido y caos. Le gustaba golpear aquel tambor que le regaló la abuela, o berrear las canciones de la tele, o correr de un lado a otro de la casa con un avión de papel en la mano. Dulce ruido, maravilloso caos. Cuando desapareció, todo se convirtió en silencio. Eso era lo peor de todo. Podías aislarte del sonido, pero no del silencio. Era una masa que te absorbía, que te empapaba por dentro, que te desquiciaba.
  • Victor Jesus (Maximo)has quoted2 years ago
    Al llegar a su portal, dejé el motor al ralentí y apagué la radio. Los programas nocturnos siempre me habían hastiado. Estaban hechos para provocar sueño a aquel que no pudiera dormir. En otros, llamaban chalados que deseaban masturbarse con peluches, o automutilarse, o reprimían pensamientos incestuosos. Todos los locos despiertos por la noche, pegados al transmisor, para evitar salir por el día. No quería convertirme en uno de ellos, ni siquiera intentar comprenderlos. Que cada cual se tragase su propia basura y, como dijo el sabio: «si hay miseria, que no se note».
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